Marcha Fúnebre

martes, 16 de agosto de 2011

 


El poema se describe solo

No hay melodía más triste que el retorno solitario
porque a mi osamenta le tocó devolver los pasos, liberar el alma
y retumban en mi eclipsada espalda las huellas aurales de violines,
el arco de una muda composición absorta, los claveles fenecidos de un poema,
y el recuerdo de una cortesana que labraba memoriales sin tocarme

La marcha fúnebre hacia el horror, el dolor de haber manchado con reminiscencias la nostalgia ajena
una sensación metas incumplidas, los suspiros y las lágrimas
no hay más triste color que el del luto eterno, el ámbar de la sangre derramada
porque las heridas jamás cerraron, porque se volaba cuando se fingía flotar

y me persigue rebosante el sonido tétrico de una trompeta, me acorrala, me perturba
los coros infernales se descubren, un único alarido, tan dulce, tan uniforme
mío, y me condena; tuyo, y tengo ganas de quedarme
es el preludio de la muerte, la sinfonía grisácea de mis lamentaciones
una elegía sin sentido, larvas en el asfalto y el manifiesto eterno de mi peregrinar tranquilo hacia la fábula

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