Tengo los socorros asediados, el alma despellejada por los recuerdos de matices, porque viene una oleada de sensaciones morales, acompañada—claro está—de la sonrisa estéril de tu nueva presencia mortal y también de los antiguos ritos de serenidad con los que perpetuabas la ilusión mórbida y tierna de un gigante rojo.
Disfruto de un peregrinaje corto sobre las auroras boreales, porque ya no soy quien era, porque ya no era lo que quería sino simplemente un recuerdo absorto de agonías y meditaciones, tengo la sangre cansada de esperar que decidas regresar, que llames con trompetas a la guerra de nuestros sentimientos, al combate supremo de nostalgias no acabadas, a esa reunión de corazones vírgenes porque en la maraña de tus recuerdos aún está intacto el ofrecimiento que con poemas mutilados hacía, con voces que reclaman, con versos que te persiguen, con lágrimas que no emergían de los labios, era únicamente mi compañía eterna mi ofrecimiento por tus actos, y tomarte de la mano, mientras el zumbido del aleteo de nuestras alas cobijaba el nacimiento de un nuevo mundo jamás visto por humanos.
Quiero perseguir nuevamente tus colores, porque la realidad de nuestra historia inexistente o aún no contada, en largas horas de contemplación y cinco minutos de hipocondría, fueron, son y serán un seductor amasijo de curvas e inflexiones, el mejor que hayan visto mis ojos en marzo, porque contigo se iluminaba el abandono, se roía desde adentro la tristeza y sonreía el cielo en violetas neutros, en colores amalgamados por las sombras ofrecidas por la inmortalidad que perpetuamos. Éramos sin darnos cuenta un único latido, éramos lo único que necesitábamos, tal vez tú de una forma y yo de otra… pero no puedo negar que nos necesitábamos.
Disfruto de un peregrinaje corto sobre las auroras boreales, porque ya no soy quien era, porque ya no era lo que quería sino simplemente un recuerdo absorto de agonías y meditaciones, tengo la sangre cansada de esperar que decidas regresar, que llames con trompetas a la guerra de nuestros sentimientos, al combate supremo de nostalgias no acabadas, a esa reunión de corazones vírgenes porque en la maraña de tus recuerdos aún está intacto el ofrecimiento que con poemas mutilados hacía, con voces que reclaman, con versos que te persiguen, con lágrimas que no emergían de los labios, era únicamente mi compañía eterna mi ofrecimiento por tus actos, y tomarte de la mano, mientras el zumbido del aleteo de nuestras alas cobijaba el nacimiento de un nuevo mundo jamás visto por humanos.
Quiero perseguir nuevamente tus colores, porque la realidad de nuestra historia inexistente o aún no contada, en largas horas de contemplación y cinco minutos de hipocondría, fueron, son y serán un seductor amasijo de curvas e inflexiones, el mejor que hayan visto mis ojos en marzo, porque contigo se iluminaba el abandono, se roía desde adentro la tristeza y sonreía el cielo en violetas neutros, en colores amalgamados por las sombras ofrecidas por la inmortalidad que perpetuamos. Éramos sin darnos cuenta un único latido, éramos lo único que necesitábamos, tal vez tú de una forma y yo de otra… pero no puedo negar que nos necesitábamos.
PD: No sé por qué escribí lo que escribí, simplemente hoy tuve ganas de recordarte


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