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Aprendizaje

viernes, 30 de diciembre de 2011

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He aprendido con el tiempo, que el tiempo no se gasta sino que son los actos los que lo pervierten, que con sus desdeñosos resultados acarrean en su estructura molecular una línea recta de imperfecciones muy correctas, aprendí también que no existe una línea recta y que el resultado de dibujar el horizonte siempre será un horizonte, porque nunca sabes qué hay más allá, porque más allá está el más allá. Aprendí que todos y nadie son exactamente el mismo término, nadie puede decirse dueño de algo que es de todos.

Aprendí con los días que las horas duran más de sesenta minutos y que los minutos duran menos de sesenta segundos, que en realidad el tiempo no existe para nadie pero que nos gobierna a todos sin excepción de raza, género, clase o situación sentimental, he aprendido con los errores que son lo único perfecto, y que el error de uno es el aprendizaje de otro, pero que lastimosamente no se aplica para ninguno de quienes lo encuadernen en sus hojas.

Hemos aprendido a gastarnos con la lluvia y hemos aprendido que el aplauso es la mano que más nos acerca a la hipocresía, aprendimos además que escuchamos más a un completo desconocido que al que nos conoce en realidad, que obedecemos lo que nos conviene y que rompemos las reglas únicamente si desconocemos cuál será nuestro castigo, hemos aprendido que debemos dejar el corazón en el lugar donde lo aceptan y no donde queremos, aprendimos que no debemos retroceder sino dar la vuelta y seguir adelante.

Aprendí con el paso de Cronos en mi vida, que con el caminar por la senda suburbana nos alejamos de lo mucho y nos acercamos a lo poco, y que lo poco es suficiente; aprendí que no hay cansancio si hay sacrificio, pero que no hay destino porque la providencia camina de la mano de un tiempo inexistente, aprendí que no nos duele el dolor sino que a nadie le importa que nos duela, aprendí también que usar las ideas de un solo individuo nos convierte en ladrones pero usar las ideas de varios individuos nos transforma en científicos, aprendí que a la gente ya no le gusta lo que hacía, y que cada vez tiene menos horas disponibles y hace mucho menos de lo que hacía, que es más fácil distraerse que concentrarse.

Aprendí de todos y de nadie, de estar acompañado y de venir solo, aprendí que mientras más hablamos menos nos entienden, y mientras más nos esforzamos por disculparnos más nos alejamos de hacerlo, y también aprendí que es fácil discutir las ideas con un tonto y que con él llegaremos a un punto en el que no nos diferenciemos ni nosotros, y finalmente aprendí que todos, absolutamente todos guardamos un secreto, algunos bien y otros mal, pero detrás de él está una verdad que incluso nosotros desconocemos.

martes, 30 de noviembre de 2010

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Allí vas dios de tiempos, con tus zapatitos tristes con el eco de nostalgias, cargando como fardo un puñado de heridas e inflexiones, la petición y el rechazo, allí vas compañero de mi batalla, mi aliado y enemigo, vas sin detenerte, sin importar lo que dejas a tu paso.

Me estoy recibiendo a mí mismo, en un trono de valientes desesperados,
con la sangre del tiempo embarrándome las manos
con un tenue titilar de manecillas ahorcadas, estoy,
ardiendo de imprevistos, sudando las espirales de mi propia angustia
esperando la melodiosa marcha de la muerte, que lleva mis pasos, que juzga tu abandono

Camino sobre las consonantes débiles, sobre las golondrinas rojas
aprendiendo a consumar mi propio dolor sin llanto
y quisiera volar por tus dominios, calcular la brisa, el viento, el transitar de cronos
el recorrido, también me encantaría embriagarme en tu hermosura,
que no conozco, pero que sospecho contemplar de madrugada

Quiero aprender cómo se evaporan los astros,
de dónde emerge el viento, el llanto, la razón de mi locura,
el amor y por qué siempre dura tan poco.

Me estoy recibiendo, sin manos, sin nostalgia sólo con una campana
con ese ruido cansado, lento y amputado
con ese llanto recluido en los párpados, y el suspiro mutilado en los pulmones,
y se vuelve tu mirada al terciopelo que limpió la espada,
de la sangre del tiempo manchada,
de la herida de una gloria ajena que me niego a disfrutar.

...Tiempo...

martes, 5 de mayo de 2009

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Delicioso factor que con sus fragancias mercantiles dominan la esencia de nuestro espacio, único encargado de revelar la naturaleza humana y gobernar completamente sus designios, eres un omnipotente dios que denota, con destellos mágicos, cada una de las suaves melodías que logramos evocar. Somos entonces, criaturas de una deidad inexistente, un universo que gira siempre hacia el mismo horizonte, somos hijos de sus hijos y en sus hijas engendraré los míos, porque soy un súbdito de sus flamantes horas.
Tiempo, un universo sin explorar, o ya conocido, inexistente desde mi óptica, pero tan fuerte es su presencia, que vive en cada uno de los credos del vulgo, en cada uno de los dogmas de la humanidad, su cronología es exacta y su origen demasiado escaso, estuvo mucho antes que tú, o que yo, o que cualquiera de los inventos del hombre.
Siempre te honró el universo, y aún así consumes con tus pasos cada uno de los latidos de existencia, eres por consiguiente una deidad malvada, acabas con tus creaciones, aniquilas con tus huellas a los dioses que te rodean.
El tiempo es un marcador inexistente, puesto que es demasiado diminuto para poder ser medido, "el pasado lo es, el futuro aún no, ¿y el presente?" No se puede medir, o que me responda aquél que aún lo conserve.



Dedicado a Cronos

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