lunes, 20 de agosto de 2012
Son de esos días en los que los momentos pasan con los días, estás donde te veo, y te busco con la mañana, con el resto del día, encontrarte en mi memoria no siempre es suficiente... diez y contando
Te extraño en cada recuerdo que tenemos, en los laberintos de las cosas que dejamos
en la razón de mi condena, en las horas de los días
te extraño en el abandono, en la nostalgia, en la felicidad y con la luna
porque tu presencia en mi memoria es tan fuerte que me destruye
me aniquila, se olvida de mí mismo, y únicamente tiene tu figura
Te extraño en el vuelo de los pájaros, en el transitar uniforme del río
en la caminata tenue de la brisa sobre mi rostro,
te extraño en el color de la noche, en las huellas de los autos sobre el asfalto
porque la sonrisa que dibujo es tuya, porque es para ti, para nosotros
y me contemplan con temor los cadáveres del tiempo que no paso contigo
Te extraño en las melodías de una copla, en la oscuridad de mi melancolía
en la libertad de mis huellas, y te sigo porque eres luz, porque eres tinieblas
te extraño—también—en un oasis de concreto, en tu voz que tanto anhelo;
porque nada soy sin tu presencia, porque sé que no existe final, porque cada suspiro tiene tu retrato
te extraño en los días que no tengo, en las canciones que aún no te he dedicado,
en los besos que no nos damos, en el abrazo prometido, te extraño en mi mediodía triste,
y si estuvieras aquí conmigo, te diría que te he extrañado en los lugares que aún no visito
en el fuego que ya no me quema, en la felicidad que desde el momento de nuestro encuentro nos espera
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